Dice José Miguel Núñez, que "hay quien piensa que nuestra presencia en el mundo es cada vez más irrelevante". Y no es de extrañar cuando suena tantas notas disonantes a nuestro alrededor. Sin embargo, la mayoría de los que estamos dentro, en este mundo de la Vida Consagrada, seguimos apostando por ella, aunque no suene mucho, aunque no sea popular.

Hace 33 años que entré en la Congragación de las Dominicas de la Anunciata. Vengo de una familia sencilla, trabajadora; con unos padres muy buenos y unos hermanos a los que siempre quise y adoré y sigo queriendo. ¿V por qué digo esto? Porque a través de mi vida religiosa he descubierto que ese ambiente cálido de familia -que se fue agrandando por otros nuevos miembros-, de cariño entre todos nosotros es el que me aportó mi mayor tesoro para poder vivir la fraternidad en comunidad.

En todo este trayecto de mi vida, ¡cómo no! hubo momento difíciles, duros, momentos de opciones muy decisivas y de respuestas marcadas, en muchas ocasiones, por la incertidumbre; pero también otros muy felices -la mayoría diría yo- donde me he sentido plenamente convencida que mi vida y mi sitio es este.
Según fueron pasando los años, fui descubriendo lo que implica la responsabilidad de cultivar la vocación -un don que Dios me regaló-, ser seguidora de Jesús y vivir mi proyecto de vida en una Congregación con un dinamismo tremendamente actual y esparcida por el mundo entero. No dejan de acompañarnos las dificultades, pero como en toda familia, y ¡ésta es muy grande!, nunca faltan manos para apoyar y sostener.

Vivir la vida apasionada y con un objetivo dirigido en un misma dirección -aunque sin estar exento de dudas-, me aportó mucha paz y estabilidad en mi caminar de cada día. Hoy puedo decir que me siento más que nunca identificada con el modelo de vida que elegí, que el espíritu que impulsó a nuestro Fundador, San Francisco Coll, lo he hecho mío y que me siento feliz de haber escogido este estilo de vida.

Jesús preguntó en una ocasión, " Vosotros ¿Quién decís que soy yo?" y esta misma pregunta siento que me la hace a mí, muchas veces, para que no me despiste y pierda el norte. Es la pregunta clave para poder ir respondiendo en el día a día en fidelidad al compromiso de mi consagración religiosa. Y, como sigue diciendo José Miguel Núñez:, "aunque a veces el tesoro esté contenido en frágiles vasijas de barro que en ocasiones se rompen y desparraman el mensaje".

Hna. Gene Somoano, Dominica de la Anunciata, Española, trabaja en la misión en el Salvador

Dominicos

“Revitalizar nuestra vocación de servidores de la Palabra con el desempeño apostólico de una función teológica creativa para el acompañamiento compasivo del pueblo”

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