La vida transcurría aparentemente tranquila en una aldea (campo) de Baja Verapaz, en Guatemala, cuando en la inocencia de mis años Jesús conquista mi corazón. Ya había cumplido los ocho añitos cuando con mucha alegría me preparaba para el gran día: mi primer encuentro con Jesús por medio del sacramento de la Eucaristía. Nos decía el catequista (mi tío) que el corazón es la casita de Dios y debía estar limpio, habitable para él y si Dios mora en nosotras su amor nos lleva a compromisos concretos y reales con los demás. Siendo así que nos pidió que escribiéramos en nuestro catecismo a qué nos comprometíamos cuando fuéramos grandes.

Pensando, como un relámpago pasó por mi mente: “me comprometo a ser monja cuando sea grande” y lo escribí. Luego recordé que el compromiso era real y yo apenas conocía a una monjita que me gustaba su forma de ser y lo que hacía. Para entonces, salir a la cuidad del departamento era difícil y no sabía si vería nuevamente a esta hermana; así que lo taché, pues no quería que aquel compromiso fuera solo de palabras y en su lugar coloqué: “quiero ser catequista”.

Quería ser una catequista comprometida como lo era mi tío, pero esto era muy peligroso, porque hasta lo podía matar a una-o. Eran años en que el Conflicto Armado Interno estaba azotando fuerte a esta región del país y muchos catequistas, entre ellos mi tío, arriesgaron la vida por seguir a Jesús.

A partir de esta experiencia y con el transcurrir de los años, me fui formando esta pregunta ¿Qué tiene Jesús para que algunas personas estén dispuestas a dar la vida por él? Me hice adolescente y también fueron apareciendo otras preguntas fundamentales ¿Quién soy? ¿Para qué existo?

¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Qué quiero ser? ¿Dónde está la felicidad? La búsqueda del sentido de mi vida comenzó. Cumplidos los 16 años, personas de la comunidad vinieron a pedirme que les diera catequesis a los niños del lugar, al principio sentí miedo pero vi que ya era hora de hacer realidad el compromiso adquirido cuando niña. Pero quien nos daba la formación era una hermana

Misionera Dominica del Rosario. A esa edad ya ni el recuerdo de ser religiosa existía. Mi meta era concluir mis estudias, ser maestra e irme a vivir a una comunidad indígena azotada por la guerra y allí promover el desarrollo, la dignidad de la persona y con mi trabajo colaborar con la construcción de un país mejor. Pero un día las hermanas me preguntaron si quería ser religiosa. Me sorprendió, pero la vida de la Fundadora y mi deseo de entrega coincidían: Ella, maestra y entregada a los indígenas de un país llamado Perú y yo con la menta de concluir mis estudios y ser maestra, así mismo, mi conciencia de pueblo sufrido iba creciendo, como también mi deseo de entrega al pueblo indígena. Este fue el inicio de una gran búsqueda y un esfuerzo por saber dónde era que Dios me quería y dónde yo quería vivir mi fe. Inicié el proceso de discernimiento y entré a la Congregación, ahora ya llevo 15 años en ella y puedo afirmar que soy una mujer consagrada muy feliz y realizada.

Como Misionera Dominica del Rosario, he ido haciendo posible el Reino de Dios desde el Carisma de la Congregación en los siguientes espacios pastorales: educación formal, impartiendo clases como docente en colegios; educación informal en otros programas de formación integral. Medios de comunicación: coordinando y conduciendo programas de radio en emisoras locales e internacionales, católicas y comerciales y en televisión, en canales comerciales locales. Formación integral y sistemática a catequistas en el área rural y urbana. Acompañamiento a Jóvenes en las pastorales juveniles y en los procesos vocacionales. Coordinación y acompañamiento a grupos de mujeres en la formación integral y en pequeños proyectos de sostenimiento económico. Dirección de retiros a jóvenes y comunidades. Acompañamiento a adolescentes y a jóvenes con talleres de autoestima, afectividad y sexualidad cristiana. Catequesis pre sacramentales.

Motivar y acompañar a comunidades del área rural en la vivencia de su fe y en la formación de los consejos zonales en el área rural. Coordinación y animación de la pastoral Vocacional en la Vicaría.

Mi mensaje a la juventud de hoy es que escuche el silencio de su corazón, donde están los deseos más puros y nobles del ser humano, donde está Dios. Que busquen, que no se amolden ni acomoden a lo que el mundo de hoy les ofrece. Que sean valientes, libres y sabi@s para saber elegir entre lo bueno, lo bueno para ellos, lo que a Dios le agrada y su corazón desea.

Que tomen decisiones y sean responsables de ellas. Que se comprometan con la historia y con ell@s mism@s, que la felicidad está en ensanchar el corazón en Dios y en la humanidad. Que hagan de Jesús y el Proyecto del Reino su pasión y se entreguen a ello con todo su ser. Que sean el reflejo de Dios en su pueblo.

Hna. Berta Fajardo Misionera Dominica del Rosario Cobán, Guatemala

Dominicos

“Revitalizar nuestra vocación de servidores de la Palabra con el desempeño apostólico de una función teológica creativa para el acompañamiento compasivo del pueblo”

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