Fui bautizado en la Parroquia La Dolorosa por un fraile dominico. De niño con alguna frecuencia participaba con mi familia en la eucaristía de dicha parroquia y visitaba el hermoso nacimiento que suelen confeccionar para el tiempo de Navidad. Sin embargo, en esa época no diferenciaba lo propio de las órdenes religiosas. Para mí, todos eran sacerdotes. Todos celebraban la eucaristía. Desde niño me generaba curiosidad todas las cosas relacionadas con Dios y la Iglesia. Disfrutaba intensamente las celebraciones de Semana Santa en mi parroquial natal de Nuestra Señora de Ujarraz en Barrio Córdoba. En mi adolescencia sentí un llamado de Dios al sacerdocio como una oportunidad para servir a la comunidad cristiana sintiéndome sumamente amado por Dios. En medio de mi búsqueda, ingresé en una congregación religiosa. Sin embargo, descubrí que ese no era mi carisma. En el instituto teológico donde estudiaba me encontré con dominicos jóvenes que me irradiaban una forma novedosa de ser religiosos, una forma muy sintonizada con mi manera de ser. Una vida religiosa crítica, cercana a la realidad, compasiva y respetuosa de los carismas y la personalidad de cada uno. Inicié mi proceso de discernimiento vocacional y después de búsquedas, encuentros y más búsquedas, intento asumir la espiritualidad de Santo Domingo de Guzmán.

He vivido en varias comunidades dominicanas. En mis años de formación en El Salvador y Costa Rica, y ya como fraile ordenado en Panamá (David y Ciudad Panamá) y Costa Rica. En esas distintas comunidades he experimentado la alegría del servicio a los demás, el deseo de irradiar compasión como Santo Domingo de Guzmán y asumir la transmisión del mensaje de Jesús desde una predicación aterrizada, cercana, comprensible e iluminadora.

Soy dominico porque me apasiona estar en búsqueda de la Verdad, de mi verdad y de la verdad de nuestro mundo. Porque creo en la Palabra como dadora de sentido para la vida y porque creo que los seres humanos requerimos compasión y sabiduría como una oportunidad de conversión para ser más plenos y colaborar desde todo lo que somos, en la transformación del mundo en una realidad más humanizada y humanizante. Porque creo que sintonizándonos con la Palabra en una celebración intensamente vivida potenciamos lo que somos y nuestra posibilidad de gestar un mundo nuevo, más parecido al que soñó y anunció Jesús

Gustavo A Villalobos Brilla OP, Fraile Costarricense

Dominicos

“Revitalizar nuestra vocación de servidores de la Palabra con el desempeño apostólico de una función teológica creativa para el acompañamiento compasivo del pueblo”

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