1. ¿Cómo nació mi llamado?

Mi llamado, en mi caso, ha nacido de un encuentro personal con el Señor. Esto ha sido lo que marcó un vuelco en mi vida. Llamado que fui descubriendo poco a poco, y que me motivó a asumir un compromiso cristiano. Primero fui catequista en la Parroquia San Martín de Porres, en David Panamá, y luego llegué a servir en la Capellanía Universitaria de la Universidad Autónoma de Chiriquí. Durante este tiempo de discernimiento me llamó mucho la atención la vida de común de los frailes y su celo apostólico por querer formar a los agentes de pastoral en la parroquia y en la universidad que he mencionado anteriormente. Y ellos fueron quienes me invitaron a formar parte del grupo vocacional que estaba bajo su dirección. Fue en este proceso donde fui descubriendo lo que el Señor me pedía y fue así como decidí apostar por el proyecto de santo Domingo que me ha traído hasta aquí.

2. ¿Qué has hecho como fraile?

Durante mi formación como fraile, lo primero es vivir ese llamado de Jesús, con otros que también han sido llamados. En mi contexto centroamericano, vivir con otros hermanos que tienen otras culturas, otras formas de ser y de hacer las cosas. Y lo primero fue integrar las diferencias bajo un proyecto en común. Luego ya en el noviciado, fue enamorarme de la Orden, conocer a Santo Domingo, su proyecto a profundidad, así como la historia de la Orden, sobre todo en América Latina marcada por la lucha por la justicia de la primera comunidad en La Española y el testimonio de santidad de nuestros hermanos en Perú. Ya, una vez hecho mi primera profesión, en el estudiantado he realizado mis estudios filosóficos y teológicos. En estos años de contemplación en la academia y en el convento me han dado herramientas para alimentar y fortalecer mi fe así como también me ha dado herramientas para el trato pastoral. Estas etapas formativas han estado acompañadas de la experiencia que nos marca como dominicos: oración, estudio, predicación.

Para nosotros los dominicos en Centroamérica ha sido importante durante esta etapa de formación conocer el apostolado que realizamos en cada casa que integra nuestra Provincia, así como también con una congregación femenina propia de nuestra Orden. Esto me ha dado una visión equilibrada de lo que realizamos como familia dominicana en esta región. Y de tener la visión femenina del carisma dominicano.

3. ¿Qué les diría a los jóvenes que desean asumir esta opción de vida y misión?

A los jóvenes que están con deseos de asumir esta opción de vida, les diría que se atrevan a optar y comprometerse por la causa de Jesús, en el modo ideado por Domingo de Guzmán. Pienso que se hace camino caminando, se fortalece este llamado optando y siendo fieles a la vocación que el Señor nos ha dado. Es un deber para cada cristiano, discernir cuál es su vocación dentro de la Iglesia. La vida dominicana es vida apostólica, implica para cada fraile armonizar los elementos de la vida común con las del apostolado, es asemejar los tiempos de la Iglesia primitiva, sus valores e ideales a los desafíos del mundo actual. Nuestra vida dominicana es válida en cuanto que da respuestas al mundo actual desde el seno del Evangelio y de la Iglesia de Jesús. Es pues un camino de mucha entrega y pasión, y en la medida en que alguien se abra, Dios sin duda alguna actuará, por eso insisto que hay que atreverse y tener el coraje para hacerlo. Si Dios llama y tienes la inquietud ¡lánzate!

El día 10 de noviembre hacía en San Salvador, mis votos solemnes en la Orden en manos del sucesor de Santo Domingo. Un “sí” hasta la muerte en la Orden.

Fr. Fernando Vallejos, OP Fraile panameño, en El Salvador Estudiante de Teología IV año

Dominicos

“Revitalizar nuestra vocación de servidores de la Palabra con el desempeño apostólico de una función teológica creativa para el acompañamiento compasivo del pueblo”

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