Todo comenzó con un vacío que la vida diocesana no llenaba; faltaba algo en mí, me sentía incompleto. Solía comprar hostias para la Catedral de Managua en una casa de religiosos… Mi búsqueda no sabía cómo comenzarla. Un día le comenté a un amigo lo que buscaba y me dio un número de teléfono. Decidí llamar, pero antes, quise buscarlos en la página web de ellos para conocer un poco lo que hacían, dónde estaban, cuál era su carisma, y allí encontré una vida en comunidad, la itinerancia y la forma de predicar desde el estudio. Esto me llamó mucho la atención. Entonces decidido llamé al número que me habían dado y me contestó un fraile llamado Martín Illescas quien me avocó al promotor vocacional de la zona nicaragüense, me dijo que se llamaba fray Javier Rivera.

Aquella casa de frailes se llama, Antonio de Valdivieso. Recuerdo aquel sábado 29 de abril de 2011, día que por primera vez tenía entrevista con fray Javier. Tenía la dirección para llegar a la casa, dirigiéndome por aquella orientación, y llego a la misma casa donde yo compraba hostias y en ese momento pensé que algo estaba saliendo bien.

En mi proceso vocacional profundicé mis conocimientos de la Orden de Predicadores. Cada vez que visitaba aquella comunidad de frailes y les colaboraba en algunas tareas pastorales sentía que lo que buscaba lo encontraba poco a poco, llegaba el momento en que necesitaba saber si tenía la convicción de integrarme al proceso de formación, mis preguntas tuvieron una misma respuesta que del corazón venía.

En noviembre de ese mismo año tuve una última entrevista con el padre provincial Alexis Páez que a su partida de la zona de Nicaragua me admitía al proceso de formación en Costa Rica. La decisión por mi parte siempre fue firme, el proceso vocacional fue un panorama que me permitió ver aquella gran familia y me hacía dejarlo todo. Comunidad, estudio y oración es lo buscaba.

Hoy desde las entrañas de la Orden fundada por Nuestro Padre Domingo, en el Prenoviciado Centroamericano en Costa Rica doy testimonio que comunidad, estudio y oración no es lo mismo escrito que vivirlo. Es aún más hermoso y de inexplicable experiencia, espero seguir dando todo de mí, asumir cada día el carisma dominicano que me forma y me hace un verdadero miembro de la gran Familia Dominicana. Resalto la acción de Dios en todos mis pasos y la escucha fiel de mis pobres palabras en la oración que ha sido mis ojos, mis pies, mis manos, mi fuerza.

Franklin Lezama Rocha Prenovicio Nicaragüense de primer año, en Costa Rica

Dominicos

“Revitalizar nuestra vocación de servidores de la Palabra con el desempeño apostólico de una función teológica creativa para el acompañamiento compasivo del pueblo”

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