Durante una cena de bienvenida a Fr. Brian Pierce, en San Pedro Sula, recibí la más grande invitación que jamás haya recibido. Tuvimos una conversación de unas dos horas y, al final, Fr. Brian me preguntó que si no había pensado en hacerme dominico. ¡Me sorprendió increíblemente! Conocí a los frailes en 1996, en un momento de mi vida, crucial. Estaba estudiando en la Universidad, tenía un trabajo que me permitía una vida bastante satisfactoria y algunos proyectos a nivel personal y familiar que le daban sentido a mi vida, pero un vacío inexplicable había en lo más profundo de mi corazón, a raíz de una experiencia muy dolorosa. En realidad, no había pensado en hacerme dominico.

Opté por entrar a la Orden después de muchos momentos de resistencia, tratando de discernir si aquella pregunta de Fr. Brian sólo alimentaba mi necesidad de llenar ese vació o era una llamada auténtica de Dios.

Inicié esta gran experiencia de Dios en 1998, con grandes expectativas que iban encontrando respuesta en la medida en que conocía más de la vida de Domingo de Guzmán y de aquellos primeros frailes. Encontré en la espiritualidad dominicana, en el carisma de la predicación, una manera maravillosa de encontrarme con Dios, en Jesús de Nazareth. El hecho de experimentar el gran misterio de la encarnación de Dios “continuada” desde Jesús hasta nuestros días, en nuestra gente, me han ido transformando en un creyente enamorado de ese Dios tan cercano y tan humano, que me impulsa a presentárselo a todo aquel que encuentro en mi camino.

Estudié Filosofía y Teología en Costa Rica y terminé mis estudios de licenciatura en Salamanca, España. Una de las más grandes experiencias de encuentro con otras culturas que me han abierto al mundo de la pluralidad en muchos sentidos, revalorando a las personas y a las culturas, en medio de la diversidad. Creo en un Dios universal que trae la salvación a todo ser humano, sin exclusividades de ningún tipo, incluso por asuntos de religión.
Actualmente realizo felizmente mi misión de Predicador, en el campo educativo, en Nicaragua. Encontrarme con los niños y los jóvenes en proceso formativo no deja de ser un gran reto, en medio de este mundo que ofrece tantas posibilidades, entre las que hay que tener un profundo espíritu de discernimiento. Tratamos de formarlos para el discernimiento, fortaleciendo los valores humanos y cristianos. Como dominico tengo una misión que comparto con muchos hermanos en esta Provincia de Centro América. Me siento privilegiado de pertenecer a la Orden, pero sé que es también una gran responsabilidad que llevo en mi corazón con temor y con gozo.

Fr. Javier Rivera, O.P - Fraile dominico hondureño en Nicaragua

Dominicos

“Revitalizar nuestra vocación de servidores de la Palabra con el desempeño apostólico de una función teológica creativa para el acompañamiento compasivo del pueblo”

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