TESTIMONIO VOCACIONAL DE LA SEMANA

 

Mi nombre es Saúl Emanuel Yoc Muj soy guatemalteco y tengo  23 años. Desde muy pequeño me llamaba mucho la atención ver a los frailes con sus hábitos, ver cómo convivían con la gente y su forma de ser. Los veía felices compartiendo la palabra de Dios con distintas personas y siempre los admiraba y empezaba a pensar YO QUISIERA VIVIR ESA EXPERIENCIA Y ESA FELICIDAD DE HABLAR DE DIOS, poco a poco fueron pasando los años y seguía admirando esa vocación, ese llamado que la gente tenía al servicio de Dios.  A medida que fueron pasando los años conocí a muchas personas tanto  laicos como frailes de distintas órdenes  y seguía ese sentimiento en mí, de formar parte de ellos.

Un día me invitaron a ir a la Parroquia Inmaculada de Tivolí, iba con un hermano laico predicador y me encontré a un fraile Dominico que me hizo la invitación de participar en las convivencias vocacionales, ese día brotó algo de mi corazón que lo aceleró y fue cuando me decidí asistir a estas convivencias y así empezó este caminar con la Orden Dominica.

 Pasando el tiempo fui descubriendo que es lo que realmente quiero y se me acelera aún el corazón de pensar que lo que estoy viviendo ahora en el prenoviciado es algo que me imaginaba, son experiencias motivadoras ya que cada día que pasa siempre hay algo nuevo que aprender, el convivir con personas de otras nacionalidad, el compartir en la mesa con ellos, hacer comunidad son experiencias gratas que Dios me ha permitido experimentar. Cada día que pasa oro y le ruego a Dios que me guíe por este camino de bien porque sé que para algo bueno me tiene en este lugar, y sé que hay muchas personas que yo ayudaré también.

Junto a este anhelo de mi corazón Dios permitió vivir una experiencia en semana santa en una comunidad donde existía el deseo de participar en las misas en el cual las personas se alegraban al compartir conmigo, fue una experiencia realmente muy gratificante porque vi como Dios habla por medio de uno y da palabras de aliento a las personas que quizás los problemas les agobian. Cuando expresan  estas palabras DIOS LE BENDIGA, DIOS LE GUARDE, DIOS LE ACOMPAÑE se nota que lo dicen de corazón y lo que uno fue a sembrar el Señor lo cosechará.  

 

 

Mi nombre es Ricardo Antonio Mena Laguán y soy originario de Santa Ana, El Salvador, tengo actualmente 24 años de edad, anterior a entrar a la Orden de Predicadores estudiaba administración de empresas en la Universidad Católica de El Salvador. Conocí a la Orden porque estudié en un colegio Dominico, con las hermanas Dominicas de Santo Tomás de Aquino, en Santa Ana, estudié con ellas desde primer grado hasta el bachillerato.

Al ver a los frailes con su hábito me llamaba mucho la atención y me hacía pensar que yo también quería ser como ellos, pero luego de graduarme y empezar mis estudios universitarios esta idea se fue postergando, hasta el punto que perdí un poco de contacto con las hermanas. Fue hasta el año 2015 que descubrí una página en Facebook llamada Dominicos vocacionales El Salvador, me puse en contacto con ellos y me invitaron a ir a una feria vocacional fui y ahí me atendió Fray Gustavo promotor vocacional de El Salvador y me habló a rasgos ligeros de la Orden, salí muy motivado; en diciembre de ese años me llamaron a un desayuno vacacional en donde llegaron otros jóvenes y a partir del años 2016 comencé a asistir a las redes vocacionales y al acompañamiento con Fray Gustavo; a mediados de ese año escribí una carta pidiendo la aceptación para el ingreso a la etapa de formación en el prenoviciado, días más tarde se me informó la noticia que fui aceptado en la Orden. Fue un proceso de crecimiento personal y de mucha oración para así saber escuchar la voz de Dios y discernir a lo que Él me llama. Es un proceso que he de seguir en todo momento.

Desde que estoy acá he vivido diferentes etapas que han sido muy importantes para el discernimiento que debemos hacer, una de esas experiencias fue la de la Semana Santa, la cual fue mi primer experiencia en misión, fue una semana muy enriquecedora para mi proceso y así conocer más a profundidad la realidad de Costa Rica y de la necesidad de orar para que hayan más vocaciones y jóvenes que estén dispuestos al servicio de los demás. 

 

 

Comprender las diversas realidades que se crean en torno a la Iglesia, tener un acercamiento más cercano con Dios a través de las personas, es una de las mejores experiencias que pueden existir.  Esto conllevó, a que pudiera formar parte de los diversos grupos de la parroquia a la que asistía e involucrarme de lleno en sus actividades. Con el tiempo, tuve la oportunidad de viajar a otro país en el cual conocí a un sacerdote; me gustó su manera de predicar, era diferente a lo que comúnmente se suele escuchar. A los días llegué nuevamente a esa Iglesia, ese día el sacerdote saldría con un pequeño grupo de personas a dejar el programa de la Semana Mayor a todas las casas que pertenecían a la parroquia. Al llegar y compartir con las personas de la parroquia, me sentí como en casa, al tener contacto con la gente sentía que ya la conocía desde hace mucho tiempo atrás, me sentí en mi hogar, fue un sentimiento de mucha paz y alegría. Allí descubrí que la parroquia era guiada por dominicos.

Al conversar con el fraile y comentarle sobre mi experiencia de vida, me invitó a que le colaborase con las actividades que tenía programada durante toda la Semana Santa, ya que la MJD (Movimiento Juvenil Dominicano) le apoyaría toda esa semana, y como yo sabía ejecutar guitarra, le podría ser de mucha ayuda al momento de las animaciones. Acepté la invitación y pasé toda la Semana Mayor en el convento. Posterior a ello, estuve más tiempo colaborando en las diversas actividades que se realizaron en la parroquia, lo que me impulsó fue la manera de predicación no solo verbal sino en manera de acción, viviéndolo con la comunidad dominicana. Regresé a mi país, y pues me decidí a realizar un proceso vocacional para poder ser un Fraile con la espiritualidad de Santo Domingo de Guzmán la cual me cautivó.

 

 

Mi nombre es Lucas Ramírez Santos, Originario de Cubulco, Baja Verapaz, Guatemala. Actualmente tengo 21 años de edad, estoy en mi segundo año de prenoviciado en el país de Costa Rica.  Mi aventura en la Orden de Predicadores (Dominicos), comienza con un llamado al corazón. Un llamado que despierta en el 2013 con la vida diocesana descubriendo elementos como: la escucha a los demás, el servicio, la predicación y la felicidad tanto de las personas como el del sacerdote, los elementos mencionados hicieron inquietarme y pensar en una vida diocesana.  Pero, para ese entonces estaba ya en mi penúltimo año de estudio para obtener el Título de Maestro de Educación Primaria Bilingüe.

En consecuencia, no hice caso e ignoré lo que sentía dentro de mí, no obstante, la participación activa dentro de la iglesia con un grupo juvenil, asimismo, el acompañamiento con el grupo de mis padres, hizo acrecentar ese llamado al cual estaba ignorando. Con todo lo que estaba sucediendo en mi interior hizo que empezara a investigar sobre este tipo de vida, por el cual encontré una página web de los frailes dominicos donde se hacía describir su historia, su carisma y su estilo de vida. En dicha página encontré precisamente lo que estaba buscando; una vida en comunidad, una vida de hermanos que era lo primario, una vida que predica desde el testimonio, una vida que contempla la oración y sobre todo una vida de estudio para comprender la realidad

Pero lo más curioso es enterarme que mi paisano Fray Felipe Cotzalo estaba con la orden, fue entonces él mi referencia, bueno no solo referencia sino también fue mi promotor vocacional para el año 2015, donde desarrollé un proceso de conocimiento de la vida propia de la Orden y la misión que están realizando con los pueblos indígenas de la Verapaz. Con todo esto, fui presentado ante el Consejo de Formación para ver si me daban una oportunidad de seguir redescubriendo a Dios en mi vida, y así fue.

Es entonces esta experiencia que la Orden me regala hoy en vivir una vida con sueños compartidos, una fraternidad con hermanos que comparten el mismo ideal, amor libertad anhelo de un mundo mejor. Siguiendo siempre las huellas de nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán que nos lleva a Dios practicando los cuatro pilares que son: oración, comunidad, estudio y predicación. Estos cuatro pilares los vivo día a día en el proceso del prenoviciado desde la pastoral asignada y asimismo desde las misiones que se nos asignan; siendo uno de ellos la Semana Santa donde se sale a una comunidad para acompañarlos en las actividades propia del tiempo que se vive. En esta semana no solo es de participar en las actividades sino es un tiempo de contacto con las personas, este contacto con las personas me ha servido de ayuda para aclarar y encontrar elementos que me han sostenido en este proyecto de vida, asimismo, me ha ayudado para reafirmar y redescubrir el llamado que he sentido desde la vida dominicana. Así pues, mi vocación la he ido entendiendo a medida que he caminado en ella.  

 

       

         Mi experiencia vocacional comienza en El Salvador en la parroquia de “San Juan” lugar de donde provengo, al pertenecer al grupo de evangelización, el cual se encarga de formar a predicadores de la palabra, fue entonces que tuve la experiencia de predicar en algunas asambleas; me gustó mucho este servicio que ofrecíamos a mi comunidad a tal punto que quería involucrarme más en la predicación.

        Después de pensar y madurar una posible idea de ingresar a la vida religiosa me dispuse a buscar una congregación con la cual me identificara y en mi búsqueda encontré a la Orden de Predicadores e investigué más sobre esta Orden, decidí ingresar al proceso vocacional viviendo muchas experiencias dentro de la iglesia El Rosario, tales como las fiestas de cada santo dominicano, la semana santa, la celebración de los 800 años de la Orden, entre otras celebraciones que me ayudaron a cuestionarme más sobre el ingreso al Prenoviciado, fue entonces que decidí pedir el ingreso a la etapa del Prenoviciado en Costa Rica. A la fecha me encuentro en Costa Rica junto con mis otros hermanos prenovicios y juntos seguimos caminando en esta vida que llevamos preparándonos y dando todo nuestro esfuerzo para poder llevar el evangelio en un futuro a la iglesia.

 

 

         Mi nombre es Guido José Torre Gannown, tengo 27 años; nací en San Pedro Sula, Honduras y realicé estudios a nivel técnico en sonido y producción musical. Actualmente me encuentro en la etapa inicial de formación a nivel de primer año en el pre noviciado dominicano.  Mi primer contacto con el carisma dominicano se da en un encuentro vocacional de la diócesis de mi ciudad, en la cual me encontraba haciendo un año de discernimiento. En ese encuentro, donde participaron sacerdotes y religiosos de diferentes congregaciones, descubrí el carisma dominico con el cual me sentí sumamente identificado al profundizar en los cuatros pilares que lo conforman. Debo decir que me llamó la atención especialmente la importancia que se le da al estudio, visto como herramienta de predicación y de búsqueda continua de la verdad.

        Posteriormente, tuve la oportunidad de acércame al promotor vocacional de la Orden en mi país y solicité iniciar un proceso de discernimiento con miras a una futura inserción a  la vida religiosa a través del carisma dominicano. El ejemplo de vida de Santo Domingo de Guzmán y su celo apostólico por la búsqueda y predicación de la  verdad me inspiraron a dar inicio a este caminar dentro de la Orden de Predicadores, en cuyo carisma y espiritualidad veo las herramientas que pueden llevar a plenitud esta vocación a la vida consagrada a la cual me siento llamado.  Ahora, formando parte del pre noviciado dominicano espero, a ejemplo de Santo Domingo de Guzmán, continuar mi seguimiento de Cristo.

 

 

       Mi nombre es David Ernesto Maradiaga Reymundo, soy salvadoreño,  tengo 24 años de edad y estoy en el primer año de la etapa de formación del prenoviciado dominicano en Centroamérica. Mis inquietudes vocacionales iniciaron a los 19 años, sin embargo, debido a mis miedos e indecisiones no quise dar pasos concretos en la búsqueda de la llamada. Pero Dios nunca deja de hablar al corazón y en el año 2014 tomé la iniciativa de buscar respuestas para mi vida.

       Mi primer encuentro con la Orden de Predicadores fue en octubre de 2014, cuando se realizaba un festival vocacional en la Plaza Libertad, ubicada en el Centro Histórico de San Salvador. La Orden ofrecía un proceso vocacional en forma de convivencias que comprendía una búsqueda desde lo humano y esto me motivó mucho por lo que decidí iniciar el proceso, pues para mí siempre ha sido importante la búsqueda de Dios desde nuestra humanidad.

      Motivado por el proceso, luego de acercarme más para conocer el carisma de la Orden, opté por solicitar el ingreso a la formación institucional pues me di cuenta que este carisma, que está basado en la predicación y en la búsqueda constante de la Verdad, puede potenciar mi espíritu y hacerme feliz sirviendo a la gente, pero sobretodo me permite responder con libertad al llamado de Dios.

 

       

       Mi nombre es Gil Francisco, soy oriundo de la ciudad de Santa Ana ubicada en el occidente de El Salvador. Desde pequeño sentí una empatía por las cosas de la Iglesia, las misas, las procesiones pero, sobre todo, me llamaba la atención el servicio en el altar como monaguillo, sueño que realicé luego de mi primera comunión. Todo el tiempo de estudiante, desde primer grado de plan básico hasta el bachillerato lo realicé en una institución dirigida por sacerdotes y hermanos cooperadores, y fue por ellos, al ver su labor, donde empieza a surgir una inquietud por la vida sacerdotal.

        Fueron pasando los años y las inquietudes fueron variando, y entre amigos y familia hicieron que desistiera de una opción vocacional, y así empecé a realizar mi vida profesional, primero en la universidad y luego en el ambiente laboral. Pero, con el pasar de los años me di cuenta que algo faltaba, no era del todo feliz; así que empecé una búsqueda de mi felicidad y recordé que mis momentos más felices habían sido cuando estuve en el servicio al altar y de la Iglesia. Fue como un regreso de la voz que me llamaba para la vocación. 

      Luego de mucho tiempo de buscar, conocí, durante una feria vocacional en una Jornada Diocesana de la Juventud en mi diócesis, a los frailes dominicos, y desde el primer momento me impactó su alegría, su fraternidad y a partir de entonces no dejé de pensar: ¿y por qué no con ellos? Y así empecé a ir a las redes vocacionales, inicié el camino de discernimiento y al final de todo un año de proceso, decidí pedir el ingreso al prenoviciado. Ya dentro de la Orden,  me he enamorado de ella, de Domingo, de la Virgen del Rosario, pero sobre todo de Cristo, que se encarna en el pueblo y pide ser proclamado. Así, mi vida trata cada día de ser un testimonio, una predicación, viviendo en fraternidad, oración, estudio y  predicación.

 

     Mi nombre es Carlos Alejandro Jefferson Alonzo De León, soy de Guatemala y mi inquietud vocacional nace de una reflexión existencial. Estaba cerca de finalizar la universidad cuando empecé a cuestionarme profundamente si en efecto aquel estilo de vida que se vislumbraba podía llenar mis expectativas y hacerme sentir pleno. Fue así que sentí un deseo espontáneo de conocer la Biblia iniciando así un camino de conocimiento de mi fe católica, hasta ese momento desconocida. Después de algún tiempo de exploración de mi fe, me interesó el carisma de la predicación, pensaba en tal servicio desde el estado laical y tomé alguno que otro breve curso al respecto.

     Continué por algún tiempo meditando las Escrituras, orando y asistiendo a una comunidad y una nueva idea cruzó por mi mente: los discípulos de Jesús habían dejado todo por seguir al Maestro, ¿podría yo llevar una vida más evangélica?, busqué orientación espiritual y después de tocar puertas y de un tiempo de seguimiento espiritual ingresé a la Orden de Predicadores este año 2017. De antemano solicito y agradezco sus oraciones por todos los hermanos dominicos que nos encontramos en las diferentes etapas de formación.

Promotores Vocacionales

Zona Promotor Vocacional Correo
Guatemala Fr. Francisco Sequeira
  fr.franciscosequeira@dominicosca.com
Verapaces Fr. Martín Illescas
  frmartindominico1968@gmail.com
El Salvador Fr. Javier Rivera

  javiopcr@gmail.com

Honduras Fr. Ricardo Villalta   fr.ricardovillalta@dominicosca.com
Nicaragua

 Rivas: Fr. Carlos Aldana

Chinandega: Néstor Alvarado

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Costa Rica Fr. Ricardo Guardado   fr.martinillescas@dominicosca.com
Panamá Fr. Oscar Vásquez   fr.oscarvalderrama@dominicosca.com

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Dominicos

“Revitalizar nuestra vocación de servidores de la Palabra con el desempeño apostólico de una función teológica creativa para el acompañamiento compasivo del pueblo”

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